El cuidado en lo que ministramos en la alabanza
Cuando hablamos de la alabanza en la iglesia, no podemos verla simplemente como música o un momento del programa. La alabanza es un acto espiritual, una ofrenda que sube delante de Dios y que debe ser presentada con reverencia, pureza y amor. La Palabra nos recuerda que a Dios no le agradan las mezclas. En el Antiguo Testamento vemos el ejemplo de Nadab y Abiú, quienes ofrecieron fuego extraño delante del Señor y no fueron aceptados (Levítico 10:1-2). Esto nos enseña que no todo lo que se ofrece en el altar es aprobado por Dios. De la misma manera, en nuestros departamentos de alabanza debemos tener cuidado con el tipo de canciones y ministraciones que presentamos. La alabanza atrae lo profético La alabanza, por su naturaleza, abre el ambiente espiritual y atrae la manifestación de lo profético. Recordemos cómo Eliseo pedía que le trajeran un músico, y mientras éste tocaba, la mano de Jehová vino sobre él (2 Reyes 3:15). Esto nos muestra que la música no es neutral: prepara el corazón,...