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Mostrando las entradas de abril, 2026

Probada en mi debilidad

​ Hay batallas que no llegan por sorpresa… llegan justo por donde ya sabíamos que éramos frágiles. Es extraño cómo la vida nos conduce, casi sin darnos cuenta,   a escenarios donde aquello que creíamos medio sanado  vuelve a levantarse… más fuerte, más evidente, más real. Y entonces sucede: nos encontramos otra vez frente a ese espejo, ese que no miente,   ese que nos muestra que aún hay un vacío que no hemos logrado llenar. Hace un tiempo todo parecía estar en calma. El alma respiraba tranquila, y el corazón, aunque con cicatrices, aprendía a sonreír de nuevo. Pero bastó una decisión…   una puerta que nosotros mismos abrimos,  un compromiso del que después no supimos cómo salir,  para que todo volviera a moverse por dentro. Y aquí estoy… con una tristeza que pesa, con un silencio que habla, con un vacío que duele. Pero en medio de todo esto,   también hay una verdad que resplandece: Soy débil. Y lejos de ser una condena,   esto se co...

Volver a la voz, volver al deleite

Hace unos días, en una conversación que marcó mi corazón, un amigo —pastor y profeta— me compartía algo que no he podido soltar. Me decía que antes de que terminara este “año del deleite”, había tres cosas que él anhelaba ver cumplidas en mí:   volver a dirigir la alabanza, levantar mi voz para profetizar, y cuidar de mi salud a través de un chequeo completo. No eran simples palabras.   Eran dirección.   Eran un llamado. Y aunque dentro de mí sabía que había verdad en todo lo que decía, también reconocía algo que aún estoy trabajando: el temor que me paraliza en el momento justo. Hoy, durante el servicio dominical, lo volví a experimentar. Sentí la palabra.   La recibí con claridad.   Supe que venía de Dios. Pero me detuve. Guardé silencio… una vez más. Y aunque podría sentir frustración, hoy no lo veo como un retroceso, sino como evidencia de que estoy más cerca que antes. Porque ahora lo reconozco. Porque ahora lo discierno. Porque ahora ya no huyo… solo estoy...

Cuando Dios te envía con propósito

​ Han pasado varios días desde la última vez que escribí en este espacio… en El Diario de un Salmista. Y aunque su nombre habla de constancia, hoy entiendo que no siempre se trata de escribir todos los días, sino de vivir cada día con Dios… y luego, cuando el corazón rebosa, dejarlo fluir en palabras. En estos días, Dios me ha permitido aprender más de lo que imaginaba. Me ha llevado a un lugar nuevo, a un trabajo donde humanamente podría decir que no tenía experiencia. Un terreno desconocido, retos nuevos, inseguridades silenciosas… pero también, una oportunidad divina. Ayer, Dios confirmó algo en mi corazón por medio de mi pastora: yo tengo una misión en ese lugar. No estoy ahí por casualidad. No llegué por suerte. No es coincidencia. Dios me ha recordado que dondequiera que vaya, soy de bendición. Y no, no porque sea perfecta. No porque lo haga todo bien. No porque tenga todas las respuestas. Sino porque soy su hija. Porque he decidido creerle a su Palabra, incluso cuand...

Cuando el corazón se distrae… y Dios te vuelve a encontrar

​ Hay días en los que el alma se despierta distinta… más callada, más sensible, más consciente. Hoy fue uno de esos días. Amanecí con una nostalgia suave, de esas que no duelen, pero sí revelan. Mientras pensaba en todo lo que implica el ritmo de la vida —las responsabilidades, los pendientes, lo urgente— entendí algo que estremeció mi corazón: qué fácil es distraerse… qué fácil es comenzar a caminar sin notar que poco a poco te estás desviando. No se trata de grandes errores. A veces, es solo el olvido silencioso de lo esencial. Me di cuenta de que, en medio del afán diario, mi enfoque había comenzado a diluirse. Sin darme cuenta, estaba dejando en segundo plano lo más importante: vivir para Cristo. Ese propósito que no cambia, que no depende de circunstancias, que no se ajusta al calendario… pero que sí requiere de una decisión diaria. Hoy, mientras en Guatemala se desarrolla ese retiro de verano que tanto bendice mi vida, mi corazón sintió un pequeño vacío por no poder estar ...