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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

Más allá del altar: la actitud del ministro de alabanza

Introducción El ministerio de alabanza no comienza cuando se enciende un micrófono ni termina cuando se apagan las luces del altar. Ser ministro es una condición del corazón, no una posición en la agenda. Sin embargo, es común observar que cuando no “toca ministrar”, algunos llegan tarde, se desconectan del servicio y adoptan el rol de espectadores. Esta actitud revela una verdad profunda: aún necesitamos entender qué significa verdaderamente servir a Dios. El llamado no depende del turno El llamado de Dios no es rotativo. No se activa solo cuando estamos visibles. David fue ungido rey mucho antes de sentarse en el trono, y aun así siguió cuidando ovejas con fidelidad. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” Lucas 16:10 Cuando comprendemos que servimos al Señor y no a una plataforma, entendemos que cada reunión es una oportunidad de honra, aunque no tengamos un instrumento en las manos. De ministros a espectadores Llegar tarde, distraerse o descon...

La intención detrás del servicio

​ Ayer, durante un servicio en la iglesia, el Señor habló de manera clara y oportuna acerca de la intención con la que le servimos. Fue una palabra dada en el tiempo de dones, pero resonó como un eco persistente en mi corazón. Me llevó a preguntarme cuántas veces servimos a Dios con diligencia, responsabilidad y constancia, pero sin revisar el lugar desde donde nace ese servicio. Porque no todo servicio, aunque sea visible y ordenado, necesariamente agrada a Dios. Servir no siempre es sinónimo de agradar Podemos cumplir horarios, asumir responsabilidades y ser constantes en la obra, pero aun así perder de vista lo más importante: el corazón. Dios no se impresiona por la actividad, sino por la intención. La Escritura nos recuerda que el Señor mira lo profundo, aquello que no se ve, el motivo real por el cual hacemos lo que hacemos. Las intenciones que pueden contaminar el servicio Existen intenciones sutiles que, sin darnos cuenta, se infiltran en nuestro servicio: Se...

Amar a Dios con todas nuestras fuerzas

Cuando amar requiere más que palabras “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” — Deuteronomio 6:5 Cuando leemos este mandamiento, algo se despierta en lo profundo del alma. No se trata de un amor superficial ni emocional, sino de un amor que demanda entrega total. Amar a Dios con todas nuestras fuerzas parece implicar esfuerzo, decisión y perseverancia. Y es así. Porque amar, desde la perspectiva del Reino, no siempre es cómodo. A veces amar cansa, duele y confronta, especialmente cuando se trata de amar a otros. El amor a Dios no se puede separar del amor al prójimo Jesús fue claro al resumir la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” — Mateo 22:37–39 No son dos mandamientos aislados; están profundamente entrelazados. No podemos afirmar que amamos a Dios mientras guardamos odio, rencor o desprecio hacia alguien. El amor a Dios se evidencia...