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Mostrando las entradas de marzo, 2026

La dulzura de la amada

​ Esta tarde, mientras me encontraba en la iglesia, en medio de la quietud y la presencia de Dios, sentí algo muy claro en mi corazón: Él quiere hacer una obra profunda en mí. No superficial, no momentánea… sino una transformación desde la raíz. Han sido días en los que he sentido esa voz suave pero firme del Espíritu, mostrándome que aún existen áreas en mi corazón que necesitan ser sanadas. Raíces escondidas, silenciosas… pero reales: la amargura. Y entendí algo que estremeció mi alma: Dios no puede derramar plenamente Su paz y Su amor en un corazón que guarda amargura. Porque la amargura endurece, enfría, contamina… mientras que Su presencia suaviza, restaura y llena de vida. Un corazón donde habita Cristo no puede ser agrio. No puede ser áspero en sus palabras, ni duro en sus actitudes. Porque si Él vive en nosotros, entonces Su naturaleza debe reflejarse en lo que somos. Dios no solo quiere visitarnos… quiere habitar en nosotros. Y cuando Él habita, transforma. Si anhelamos...

El Deleite más deleitoso 💞

​ Hay momentos en la vida que se sienten como pequeños logros cumplidos. Recibir tu primer salario, poder comprarte aquello que tanto querías, tener en tus manos el fruto de tu esfuerzo… son experiencias que traen satisfacción. Y sí, no lo voy a negar: hay alegría en eso. Hay una emoción genuina en ver materializadas ciertas metas. Pero en medio de todo eso, descubrí algo que no esperaba. Podía tener lo que antes anhelaba… y aun así, sentir que algo me faltaba. Porque cuando el alma ha probado lo que es deleitarse en Dios,   ya no se conforma con alegrías pasajeras. Como está escrito: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” (Salmos 37:4) Y es que este deleite no es comparable con nada de este mundo. No se compra, no se reemplaza, no se imita. Es una paz que abraza. Es una plenitud que permanece. Es una presencia que lo llena todo. Hoy puedo tener acceso a cosas que antes no tenía, pero también entiendo que ninguna de ellas pue...

Una vida que predica

​ Hay mensajes que no necesitan sermones, micrófonos ni grandes discursos. Son mensajes que se predican con la vida. Muchas veces pensamos que para transmitir fe, esperanza o amor necesitamos grandes plataformas, pero la verdad es que el mensaje más poderoso suele escribirse en los pequeños actos cotidianos: en cómo hablamos, en cómo tratamos a los demás, en cómo reaccionamos en medio de las dificultades. Nuestro testimonio puede convertirse en una carta abierta que otros leen todos los días. Y si pensamos en el mayor ejemplo de esto, inevitablemente miramos a Jesucristo . Él no solo enseñaba la palabra de Dios con autoridad, también la vivía con cada paso que daba. Su vida era la demostración perfecta de aquello que predicaba. Cuando hablaba de amor, lo mostraba con compasión hacia los enfermos, los rechazados y los necesitados. Cuando hablaba de perdón, lo extendía incluso a quienes lo habían ofendido. Por eso su mensaje impactaba tanto: porque sus palabras y su vida caminaban jun...

Hay amargura en tu corazón?

​ Hay días en los que el corazón parece pesar más de lo normal. No es que algo terrible haya ocurrido en nuestra vida inmediata, pero basta con mirar alrededor para sentir una profunda tristeza. Las noticias del mundo hablan de desastres naturales, guerras entre naciones, accidentes inesperados y enfermedades que arrebatan vidas. A veces incluso vemos partir a personas cercanas, y todo ese panorama puede comenzar a instalar una sombra silenciosa dentro del alma. Así estaba mi corazón este viernes. Sentía una tristeza profunda, una carga difícil de explicar. Incluso antes de comenzar nuestro culto matutino, mi espíritu estaba abatido. Pero mientras transcurría la prédica del pastor, el Señor empezó a confrontar suavemente mi corazón. Fue entonces cuando comprendí algo que muchas veces olvidamos: sin darnos cuenta, podemos estar abriendo espacio a la amargura. La amargura no siempre llega con estruendo. A veces se infiltra lentamente, alimentada por el dolor del mundo, por las decepc...

Dios siempre me sorprende

​ Hay momentos en la vida en los que uno vuelve a recordar que Dios no solo nos llama… también nos respalda. Esta semana cumplí mi cuarta semana en mi nuevo trabajo, y ya me tocó vivir una experiencia que me llenó profundamente de gratitud. Me correspondió dar la capacitación de inducción para personal nuevo, algo que normalmente requiere experiencia y dominio del proceso. En esa capacitación enseñamos aspectos fundamentales del despacho, teoría básica sobre la gestión de cobranza y también el uso del sistema con el que trabajamos. Debo confesar que, al principio, sentí el peso de la responsabilidad. Después de todo, apenas estoy en mi proceso de aprendizaje. Pero mientras avanzaban las horas, pude sentir algo muy especial: el respaldo de Dios en cada momento. No fue solo una sensación; fue una realidad que se manifestó en detalles muy concretos. En el segundo día de capacitación, Dios puso en el camino una persona que fue de gran ayuda, alguien que llegó justo en el momento precis...