Entradas

Cuando Dios se manifiesta a favor de sus hijos

Hay temporadas en las que sentimos que todo se desordena. Problemas en casa, cargas en el trabajo, luchas internas, decisiones equivocadas… momentos donde pareciera que la vida se vuelve demasiado pesada y el corazón comienza a agotarse. Y siendo honestos, no siempre estamos atravesando dificultades por culpa de otros. Muchas veces somos nosotros quienes, por inmadurez, impulsividad o mal proceder, abrimos puertas que después nos duelen. Otras veces, simplemente son procesos permitidos por Dios para enseñarnos, formarnos y llevarnos a crecer. Porque no toda prueba es castigo. Algunas son aulas espirituales. He aprendido que Dios no abandona a sus hijos ni siquiera en sus peores temporadas. Aun cuando fallamos, aun cuando lloramos las consecuencias de nuestras decisiones, aun cuando sentimos vergüenza por lo que estamos viviendo… Él permanece. Y algo que ha marcado profundamente mi corazón es entender que Dios sabe manifestarse a favor de los suyos de maneras inesperadas. Cuando...

Un encuentro de emociones

Hay días en los que el corazón experimenta demasiadas emociones al mismo tiempo. Días donde las bendiciones llegan mezcladas con el cansancio, la presión, los contratiempos y las pequeñas batallas internas que casi nadie ve. Hoy fue uno de esos días para mí. Mi mañana transcurrió entre responsabilidades laborales y una noticia muy bonita que recibí, una de esas que te recuerdan que Dios sigue abriendo puertas y permitiéndote crecer. Me sentí agradecida, honrada y profundamente privilegiada por la oportunidad de poder compartir con otras hermanas alguna reflexión, una enseñanza o un rhema que el Señor haya depositado en mi corazón. Pero al salir de la oficina, el panorama parecía completamente distinto. El tráfico estaba insoportable. El calor, el cansancio y el estrés parecían aumentar con cada minuto detenido entre vehículos. Y mientras el reloj avanzaba, también aumentaba mi preocupación porque debía llegar rápido a casa: nos habían convocado temprano en la iglesia. Sin embargo,...

Los lugares donde Dios nos esconde para prepararnos

​ Hay temporadas en las que Dios nos permite descubrir capacidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Estos últimos días, mientras desempeño mi trabajo, he visto una versión de mí que por mucho tiempo permaneció dormida. Estoy ejerciendo mi profesión, tomando decisiones, liderando personas, capacitando, enseñando, guiando. Y en medio de todo eso, he descubierto habilidades que jamás imaginé poseer. Es extraño cuando comienzas a florecer en áreas donde antes te sentías insegura. Y debo admitirlo… me sentí feliz. Muy feliz. Porque después de tanto tiempo, sentí que algo dentro de mí finalmente estaba encontrando su lugar. Pero ayer, mientras estaba en la iglesia, una pregunta comenzó a rondar mi mente: “¿Por qué aquí no sucede igual?” Y Dios respondió de inmediato. De esas respuestas que primero incomodan… porque confrontan directamente nuestro orgullo. Me hizo entender que nada en nuestra vida ocurre fuera de Su voluntad. Que si hay lugares donde aún no estoy como pienso qu...

Adorar antes del milagro

​ Hay días en los que el alma quisiera negociar con el cielo… adorar, pero esperando que algo cambie. Cantar, pero con la condición de ver respuesta. Creer… pero con resultados visibles. Y hoy entendí algo que confrontó mi corazón: No adoramos para que la situación cambie. Adoramos porque Él no cambia. La adoración que nace de la conveniencia es frágil,   pero la que brota de la revelación…   esa permanece, aun cuando todo alrededor parece detenido. Recordé aquel pasaje en Hechos de los Apóstoles, cuando Pablo el Apóstol y Silas estaban en prisión. No había libertad. No había respuesta inmediata. No había señales visibles de cambio. Había cadenas. Había oscuridad. Había incertidumbre. Y aun así…   cantaron. No porque las puertas se habían abierto, sino porque su corazón ya estaba abierto a Dios. Qué poderoso es entender esto:   la adoración genuina no depende del entorno,   depende de la convicción. Ellos no adoraron por lo que Dios podía hacer...

Probada en mi debilidad

​ Hay batallas que no llegan por sorpresa… llegan justo por donde ya sabíamos que éramos frágiles. Es extraño cómo la vida nos conduce, casi sin darnos cuenta,   a escenarios donde aquello que creíamos medio sanado  vuelve a levantarse… más fuerte, más evidente, más real. Y entonces sucede: nos encontramos otra vez frente a ese espejo, ese que no miente,   ese que nos muestra que aún hay un vacío que no hemos logrado llenar. Hace un tiempo todo parecía estar en calma. El alma respiraba tranquila, y el corazón, aunque con cicatrices, aprendía a sonreír de nuevo. Pero bastó una decisión…   una puerta que nosotros mismos abrimos,  un compromiso del que después no supimos cómo salir,  para que todo volviera a moverse por dentro. Y aquí estoy… con una tristeza que pesa, con un silencio que habla, con un vacío que duele. Pero en medio de todo esto,   también hay una verdad que resplandece: Soy débil. Y lejos de ser una condena,   esto se co...

Volver a la voz, volver al deleite

Hace unos días, en una conversación que marcó mi corazón, un amigo —pastor y profeta— me compartía algo que no he podido soltar. Me decía que antes de que terminara este “año del deleite”, había tres cosas que él anhelaba ver cumplidas en mí:   volver a dirigir la alabanza, levantar mi voz para profetizar, y cuidar de mi salud a través de un chequeo completo. No eran simples palabras.   Eran dirección.   Eran un llamado. Y aunque dentro de mí sabía que había verdad en todo lo que decía, también reconocía algo que aún estoy trabajando: el temor que me paraliza en el momento justo. Hoy, durante el servicio dominical, lo volví a experimentar. Sentí la palabra.   La recibí con claridad.   Supe que venía de Dios. Pero me detuve. Guardé silencio… una vez más. Y aunque podría sentir frustración, hoy no lo veo como un retroceso, sino como evidencia de que estoy más cerca que antes. Porque ahora lo reconozco. Porque ahora lo discierno. Porque ahora ya no huyo… solo estoy...

Cuando Dios te envía con propósito

​ Han pasado varios días desde la última vez que escribí en este espacio… en El Diario de un Salmista. Y aunque su nombre habla de constancia, hoy entiendo que no siempre se trata de escribir todos los días, sino de vivir cada día con Dios… y luego, cuando el corazón rebosa, dejarlo fluir en palabras. En estos días, Dios me ha permitido aprender más de lo que imaginaba. Me ha llevado a un lugar nuevo, a un trabajo donde humanamente podría decir que no tenía experiencia. Un terreno desconocido, retos nuevos, inseguridades silenciosas… pero también, una oportunidad divina. Ayer, Dios confirmó algo en mi corazón por medio de mi pastora: yo tengo una misión en ese lugar. No estoy ahí por casualidad. No llegué por suerte. No es coincidencia. Dios me ha recordado que dondequiera que vaya, soy de bendición. Y no, no porque sea perfecta. No porque lo haga todo bien. No porque tenga todas las respuestas. Sino porque soy su hija. Porque he decidido creerle a su Palabra, incluso cuand...