Un encuentro de emociones
Hay días en los que el corazón experimenta demasiadas emociones al mismo tiempo. Días donde las bendiciones llegan mezcladas con el cansancio, la presión, los contratiempos y las pequeñas batallas internas que casi nadie ve.
Hoy fue uno de esos días para mí.
Mi mañana transcurrió entre responsabilidades laborales y una noticia muy bonita que recibí, una de esas que te recuerdan que Dios sigue abriendo puertas y permitiéndote crecer. Me sentí agradecida, honrada y profundamente privilegiada por la oportunidad de poder compartir con otras hermanas alguna reflexión, una enseñanza o un rhema que el Señor haya depositado en mi corazón.
Pero al salir de la oficina, el panorama parecía completamente distinto.
El tráfico estaba insoportable. El calor, el cansancio y el estrés parecían aumentar con cada minuto detenido entre vehículos. Y mientras el reloj avanzaba, también aumentaba mi preocupación porque debía llegar rápido a casa: nos habían convocado temprano en la iglesia.
Sin embargo, las cosas no salieron como yo las había planeado.
Llegué tarde, agotada y emocionalmente saturada. Mi papá no estaba, tuvimos que pedir Uber y hasta eso se volvió complicado. Finalmente logramos llegar a la iglesia… pero tarde.
Y como suele pasar cuando el alma viene cansada, cualquier pequeño detalle puede golpearnos más fuerte de lo normal. Algo que vi allí me incomodó mucho en mi carne. Por un momento sentí cómo mi humanidad quería reaccionar, cómo el cansancio quería robarme la paz y desenfocarme del propósito verdadero por el cual había llegado.
Pero aun así, decidí disponer mi corazón delante de Dios.
Porque al final comprendí algo muy importante: todo lo que hago y todo lo que digo debe honrar a Dios, incluso cuando mis emociones estén desordenadas. Incluso cuando las cosas no sucedan como yo esperaba. Incluso cuando el panorama parezca oscuro y agotador.
La madurez espiritual muchas veces no se demuestra cuando todo está bien, sino cuando decidimos agradecer aun en medio del caos.
Y hoy, entre tantas emociones encontradas, entendí que Dios sigue teniendo el control absoluto de todo.
A veces el día puede nublarse. A veces el alma puede sentirse cansada y el corazón puede sentirse abrumado. Pero el sol siempre vuelve a salir.
Y mi Sol de Justicia sigue siendo Él.
Mi Dios.
A quien sirvo.
Y por quien vivo.
✨
“Mas para vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”
Malaquías 4:2
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