Probada en mi debilidad

Hay batallas que no llegan por sorpresa…llegan justo por donde ya sabíamos que éramos frágiles.

Es extraño cómo la vida nos conduce, casi sin darnos cuenta, a escenarios donde aquello que creíamos medio sanado vuelve a levantarse…

más fuerte, más evidente, más real.

Y entonces sucede:

nos encontramos otra vez frente a ese espejo,
ese que no miente, ese que nos muestra que aún hay un vacío que no hemos logrado llenar.

Hace un tiempo todo parecía estar en calma.

El alma respiraba tranquila,
y el corazón, aunque con cicatrices,
aprendía a sonreír de nuevo.

Pero bastó una decisión… una puerta que nosotros mismos abrimos, un compromiso del que después no supimos cómo salir, para que todo volviera a moverse por dentro.

Y aquí estoy…

con una tristeza que pesa,
con un silencio que habla,
con un vacío que duele.

Pero en medio de todo esto, también hay una verdad que resplandece:

Soy débil.

Y lejos de ser una condena, esto se convierte en una revelación.

Porque reconocer mi debilidad es recordar que nunca fui diseñada para sostenerme sola.

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” — 2 Corintios 12:9

Hoy entiendo que este momento no viene a destruirme, sino a rendirme.

A soltar mis fuerzas, mis intentos, mis “yo puedo”.

A caer, no en derrota… sino en los brazos correctos.

Porque hay vacíos que ninguna persona puede llenar, emociones que ningún logro puede sanar, y heridas que solo el amor de Cristo puede tocar.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” — Mateo 11:28

Y es ahí, en ese lugar donde ya no puedo más, donde Él comienza a serlo todo.

Cristo no solo llena… Él restaura, Él ordena, Él habita.

Hoy, en medio de mi tristeza, decido rendirme completamente a Él.

No porque todo esté bien, sino porque sé que con Él, todo puede estarlo.

“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…”— Salmos 42:2

Tal vez esta prueba no se trata de lo que estoy perdiendo… sino de a quién estoy volviendo.

Y si este vacío me lleva de regreso a Jesús, entonces no es pérdida… es gracia.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿La humildad es un valor o un fruto del Espíritu?

Cantar bien: más que gritar o alcanzar notas agudas

🎼 Serie: El Corazón del Salmista