Los lugares donde Dios nos esconde para prepararnos

Hay temporadas en las que Dios nos permite descubrir capacidades que ni siquiera sabíamos que teníamos.

Estos últimos días, mientras desempeño mi trabajo, he visto una versión de mí que por mucho tiempo permaneció dormida. Estoy ejerciendo mi profesión, tomando decisiones, liderando personas, capacitando, enseñando, guiando. Y en medio de todo eso, he descubierto habilidades que jamás imaginé poseer.

Es extraño cuando comienzas a florecer en áreas donde antes te sentías insegura.

Y debo admitirlo… me sentí feliz. Muy feliz.

Porque después de tanto tiempo, sentí que algo dentro de mí finalmente estaba encontrando su lugar.

Pero ayer, mientras estaba en la iglesia, una pregunta comenzó a rondar mi mente:

“¿Por qué aquí no sucede igual?”

Y Dios respondió de inmediato.

De esas respuestas que primero incomodan… porque confrontan directamente nuestro orgullo.

Me hizo entender que nada en nuestra vida ocurre fuera de Su voluntad. Que si hay lugares donde aún no estoy como pienso que debería estar, no es abandono. No es olvido. No es incapacidad.

Es proceso.

Dios me mostró que hay escenarios donde Él permite que florezcamos… y otros donde decide escondernos por un tiempo, porque todavía nos está formando.

Porque el carácter debe crecer al mismo ritmo que el propósito.

Y aunque nuestra carne quisiera correr, destacar, alcanzar posiciones o reconocimiento, el espíritu necesita aprender algo más importante: humildad.

Aceptar que Dios sabe exactamente cuándo abrir cada puerta.

Aceptar que no todo lo que sentimos merecer, estamos listos para sostenerlo.

Aceptar que el silencio de ciertas áreas también es parte del entrenamiento.

A veces creemos estar preparados únicamente porque tenemos talento. Pero Dios no trabaja solo con habilidades; Él trabaja profundamente con el corazón.

Y entendí algo muy importante:

No debo desesperarme por ocupar lugares antes de tiempo. Debo permitirme ser moldeada.

Porque cuando Dios finalmente decide posicionarte, ya no solo tienes capacidad… también tienes la madurez para permanecer allí sin perderte a ti misma.

Quizá por eso algunos procesos duran más de lo que esperábamos.

Porque Dios no está apresurado.

Está formando algo eterno.

Y aunque a veces duela sentir que en ciertos lugares aún no brillamos como quisiéramos, qué hermoso es saber que incluso el anonimato puede ser una muestra del cuidado de Dios.

Porque hay temporadas donde Él no nos está negando algo.

Nos está preparando para sostenerlo.

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.”

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿La humildad es un valor o un fruto del Espíritu?

Cantar bien: más que gritar o alcanzar notas agudas

🎼 Serie: El Corazón del Salmista