Dios siempre me sorprende
Hay momentos en la vida en los que uno vuelve a recordar que Dios no solo nos llama… también nos respalda.
Esta semana cumplí mi cuarta semana en mi nuevo trabajo, y ya me tocó vivir una experiencia que me llenó profundamente de gratitud. Me correspondió dar la capacitación de inducción para personal nuevo, algo que normalmente requiere experiencia y dominio del proceso. En esa capacitación enseñamos aspectos fundamentales del despacho, teoría básica sobre la gestión de cobranza y también el uso del sistema con el que trabajamos.
Debo confesar que, al principio, sentí el peso de la responsabilidad. Después de todo, apenas estoy en mi proceso de aprendizaje. Pero mientras avanzaban las horas, pude sentir algo muy especial: el respaldo de Dios en cada momento.
No fue solo una sensación; fue una realidad que se manifestó en detalles muy concretos.
En el segundo día de capacitación, Dios puso en el camino una persona que fue de gran ayuda, alguien que llegó justo en el momento preciso para que todo fluyera mejor de lo que yo esperaba. Fue como si el Señor dijera suavemente a mi corazón:
“No estás sola. Yo estoy contigo.”
Y así entendí algo hermoso:
esta primera capacitación no es el final de algo… es apenas el comienzo.
A partir de aquí, cada capacitación irá creciendo, mejorando y actualizándose con más conocimiento, más experiencia y nuevas herramientas. Pero sobre todo, seguirá estando marcada por la fidelidad de Dios, que siempre nos sorprende cuando caminamos confiando en Él.
Y como si fuera poco, este fin de semana viviremos algo muy especial como iglesia. Tendremos una fiesta espiritual junto a nuestros hermanos de Santa Ana y otras iglesias de Ebenezer.
Y en su infinita misericordia, Dios también me concedió un privilegio que llena mi corazón de alegría: servir en el ministerio de alabanza.
Cuando uno mira estas cosas juntas —el trabajo, el crecimiento, el servicio, la comunión con la iglesia— entiende que la vida con Dios nunca es rutina. Siempre hay nuevas oportunidades para ver su mano obrando.
Por eso hoy solo puedo decir:
Dios siempre me sorprende.
Y si algo he aprendido en este proceso es que cuando Dios abre una puerta, también provee la gracia, la ayuda y las personas correctas para atravesarla.
A Él sea toda la gloria.
Comentarios
Publicar un comentario