Hay amargura en tu corazón?
Hay días en los que el corazón parece pesar más de lo normal.
No es que algo terrible haya ocurrido en nuestra vida inmediata, pero basta con mirar alrededor para sentir una profunda tristeza. Las noticias del mundo hablan de desastres naturales, guerras entre naciones, accidentes inesperados y enfermedades que arrebatan vidas. A veces incluso vemos partir a personas cercanas, y todo ese panorama puede comenzar a instalar una sombra silenciosa dentro del alma.
Así estaba mi corazón este viernes.
Sentía una tristeza profunda, una carga difícil de explicar. Incluso antes de comenzar nuestro culto matutino, mi espíritu estaba abatido. Pero mientras transcurría la prédica del pastor, el Señor empezó a confrontar suavemente mi corazón. Fue entonces cuando comprendí algo que muchas veces olvidamos: sin darnos cuenta, podemos estar abriendo espacio a la amargura.
La amargura no siempre llega con estruendo. A veces se infiltra lentamente, alimentada por el dolor del mundo, por las decepciones, por las pérdidas o por la sensación de que todo parece ir mal.
Pero Dios no quiere que vivamos así.
Él no desea vernos cautivos de la tristeza ni del desánimo. Su deseo es enseñarnos algo mucho más profundo: aprender a deleitarnos en Él incluso en medio de las circunstancias difíciles.
Porque la verdad es esta:
el hombre puede fallarnos una y mil veces.
Las circunstancias pueden cambiar de un día para otro.
Pero Dios… Dios nunca falla.
Él permanece fiel cuando todo lo demás parece tambalearse. Su amor no cambia, su promesa no se debilita y su presencia nunca nos abandona.
Por eso hoy comprendí algo que quiero recordarme siempre: no debemos guardar amargura en el corazón. No vale la pena permitir que el peso del mundo robe el gozo que Dios quiere depositar en nosotros.
Más bien, entreguemos toda carga al Señor.
Dejemos en sus manos cada tristeza, cada frustración, cada temor.
Y a cambio, recibamos de Él algo que el mundo no puede ofrecer: su gozo y su profunda paz.
Una paz que no depende de las circunstancias.
Un gozo que permanece incluso cuando el panorama no es perfecto.
Porque sabemos algo que sostiene nuestra esperanza:
A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.
Incluso aquellas que hoy no comprendemos.
Que nuestro corazón no sea morada de la amargura, sino altar donde repose la paz de Dios.
Aunque el mundo atraviese tiempos inciertos y nuestros ojos vean dolor a nuestro alrededor, recordemos que nuestra esperanza no está en las circunstancias, sino en la fidelidad del Señor.
Hoy podemos elegir entregar nuestras cargas y permitir que Él transforme nuestra tristeza en gozo.
Porque quien camina tomado de la mano de Dios siempre encontrará luz, incluso en medio de la noche más oscura. ✨
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