Amar a Dios con todas nuestras fuerzas
Cuando amar requiere más que palabras
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
— Deuteronomio 6:5
Cuando leemos este mandamiento, algo se despierta en lo profundo del alma. No se trata de un amor superficial ni emocional, sino de un amor que demanda entrega total. Amar a Dios con todas nuestras fuerzas parece implicar esfuerzo, decisión y perseverancia. Y es así.
Porque amar, desde la perspectiva del Reino, no siempre es cómodo. A veces amar cansa, duele y confronta, especialmente cuando se trata de amar a otros.
El amor a Dios no se puede separar del amor al prójimo
Jesús fue claro al resumir la ley:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… y amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
— Mateo 22:37–39
No son dos mandamientos aislados; están profundamente entrelazados. No podemos afirmar que amamos a Dios mientras guardamos odio, rencor o desprecio hacia alguien. El amor a Dios se evidencia, se prueba y se manifiesta en la manera en que tratamos al prójimo.
Como decía nuestro apóstol en la enseñanza que tanto resonó en mi corazón: no se vale odiar a nadie, ni guardar rencor. Porque el rencor consume fuerzas que fueron diseñadas para amar.
Sí, amar requiere fuerzas… pero no las nuestras solamente
A veces sentimos que no tenemos fuerzas para amar: cuando hemos sido heridos, traicionados o incomprendidos. Pero ahí es donde el mandato cobra un sentido más profundo. No se trata solo de nuestras capacidades humanas, sino de permitir que el amor de Dios fluya a través de nosotros.
“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
— 1 Juan 4:19
Amamos porque Él nos amó, y en ese amor encontramos la fuerza que nos falta. El Espíritu Santo nos capacita para amar más allá de nuestras limitaciones.
El rencor debilita, el amor fortalece
Guardar rencor no es una defensa; es una carga. El perdón, aunque parezca difícil, libera el corazón y restaura el alma.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
— Efesios 4:32
Amar con todas nuestras fuerzas también implica decidir soltar aquello que nos roba la paz. No porque el otro lo merezca, sino porque nuestro corazón fue llamado a ser morada del amor de Dios.
Un amor que se vive, no solo se predica
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
— 1 Juan 3:18
El amor verdadero se expresa en acciones, en actitudes, en decisiones diarias. Amar a Dios con todas nuestras fuerzas es vivir conscientes de que cada relación es una oportunidad para reflejar Su carácter.
Oración final
Señor amado,
enséñame a amarte con todo lo que soy y con todas las fuerzas que Tú mismo me das.
Arranca de mi corazón todo rencor, toda raíz de amargura y todo sentimiento que no provenga de Ti.
Dame un corazón sensible, dispuesto a perdonar, a comprender y a amar como Tú amas.
Que mi amor por Ti se refleje en cada palabra, en cada gesto y en cada relación.
Hoy decido amar, aun cuando cueste, porque sé que en Ti encuentro la fuerza que necesito.
Amén.
Comentarios
Publicar un comentario