La intención detrás del servicio

Ayer, durante un servicio en la iglesia, el Señor habló de manera clara y oportuna acerca de la intención con la que le servimos. Fue una palabra dada en el tiempo de dones, pero resonó como un eco persistente en mi corazón. Me llevó a preguntarme cuántas veces servimos a Dios con diligencia, responsabilidad y constancia, pero sin revisar el lugar desde donde nace ese servicio.

Porque no todo servicio, aunque sea visible y ordenado, necesariamente agrada a Dios.




Servir no siempre es sinónimo de agradar



Podemos cumplir horarios, asumir responsabilidades y ser constantes en la obra, pero aun así perder de vista lo más importante: el corazón. Dios no se impresiona por la actividad, sino por la intención.

La Escritura nos recuerda que el Señor mira lo profundo, aquello que no se ve, el motivo real por el cual hacemos lo que hacemos.




Las intenciones que pueden contaminar el servicio



Existen intenciones sutiles que, sin darnos cuenta, se infiltran en nuestro servicio:


  • Servir por reconocimiento y aplauso.
  • Servir por costumbre, sin pasión ni reverencia.
  • Servir para llenar vacíos personales.
  • Servir desde el orgullo espiritual o la comparación.
  • Servir por obligación y no por amor.



Todas estas formas pueden ser responsables hacia afuera, pero desconectadas del altar interior.




El servicio que agrada a Dios


  • El servicio que honra al Señor nace de un corazón rendido, humilde y agradecido.
  • Es aquel que no busca ser visto, sino obedecer.
  • Es el que permanece aun cuando nadie aplaude.
  • Es el que entiende que servir es un privilegio, no una carga.


Cuando la intención es correcta, el servicio se convierte en adoración.




Una invitación a examinar el corazón



Esta palabra me llevó a orar y a pedirle al Señor que examine mis motivaciones. Porque más allá de lo que hago para Él, lo que realmente importa es desde dónde lo hago.

Que nuestro servicio no sea solo manos ocupadas, sino un corazón alineado al suyo.




Oración final



Señor, hoy vengo delante de Ti con un corazón dispuesto a ser examinado.

Limpia mis intenciones, corrige mis motivaciones y enséñame a servirte desde el amor, la humildad y la obediencia.

Que todo lo que haga para Ti nazca de un corazón rendido y te sea agradable.

Amén.


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