La reconciliación: llave para estar listos en el rapto

Cuando meditamos en el rapto de la Iglesia, no podemos dejar de pensar en la santidad, en la fidelidad y en la preparación espiritual que debemos tener como hijos de Dios. Pero hay un aspecto que muchas veces se pasa por alto, y que es fundamental: la reconciliación.

El Señor nos ha llamado a vivir en paz los unos con los otros. La Biblia nos recuerda:

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).

Esto incluye a nuestra familia, a los hermanos en la fe, a los amigos, e incluso a aquellos con quienes en algún momento hemos tenido diferencias.

La importancia de reconciliarnos

Hoy en día vemos cómo muchos matrimonios se disuelven por lo que llaman “diferencias irreconciliables”. Pero, en realidad, lo que falta es la presencia de Cristo en el hogar. Cuando Cristo nace en nosotros, nos enseña a perdonar, a ser pacientes, a mostrar misericordia y a extender el mismo amor que hemos recibido de Él.

Un corazón lleno de resentimiento, orgullo o falta de perdón, difícilmente puede estar preparado para el encuentro glorioso con nuestro Salvador. El rapto no es solo para los que conocen la Palabra, sino para aquellos que la viven en amor y obediencia.

Reconciliación: fruto del amor verdadero

El amor de Cristo en nosotros nos impulsa a dar el primer paso hacia la reconciliación, aunque pensemos que “no nos corresponde”. Jesús mismo dijo:

“Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano” (Mateo 5:23-24).

Esto nos muestra que la reconciliación está por encima incluso de nuestros actos religiosos. Dios valora más un corazón perdonado y perdonador, que cualquier sacrificio o ministerio que podamos ofrecer.

Preparados para el rapto

El rapto será un acontecimiento inesperado, y solo aquellos que tengan sus vestiduras limpias podrán participar. Y una de las manchas más difíciles de quitar es la falta de perdón. Por eso hoy es tiempo de examinarnos, de sanar heridas, de buscar la paz y de reconciliarnos.

Que no nos sorprenda el día del Señor con cuentas pendientes en nuestro corazón. Que cuando la trompeta suene, podamos levantarnos con gozo, sin cadenas que nos aten a la tierra.

“La reconciliación es el pasaporte al cielo, no lo dejes para mañana.”

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