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Mostrando las entradas de agosto, 2026

✨Cuando dejé de mirar el problema y volví a mirar a Dios✨

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí aquí, y antes de continuar quiero pedirte disculpas por mi ausencia. Este blog nació como un espacio para compartir lo que Dios ha ido haciendo en mi vida, y aunque muchas veces he escrito desde la alegría, la esperanza y la gratitud, hoy quiero escribir desde un lugar diferente: desde un corazón que ha estado atravesando días difíciles. Este primer mes sin mi abuelita ha sido duro. Muy duro. Su ausencia ha dejado un vacío que todavía estamos aprendiendo a vivir. Pero, además del dolor de su partida, como familia hemos tenido que enfrentar situaciones serias que han querido sacudirnos, dividirnos y hacernos sentir que todo lo que habíamos avanzado en el Señor se desmoronaba frente a nuestros ojos. Hubo momentos en los que parecía que habíamos retrocedido kilómetros. Y debo reconocer algo: estos últimos días han sido especialmente difíciles para mí. Hoy, mientras regresaba a casa en el bus, venía con una mezcla de emociones que a...

✨La misericordia de Dios siempre nos habla a tiempo✨

“Porque el Señor al que ama, disciplina…” (Hebreos 12:6) Ayer viví una experiencia muy agradable. Compartí un convivio con los jefes y supervisores de mi trabajo en una hermosa finca en Juayúa. Fue un día diferente. Disfruté de la naturaleza, de las conversaciones, de la buena comida y, por un momento, sentí que dejaba atrás el estrés y las presiones de la rutina. Humanamente hablando, fue un tiempo muy bonito. Sin embargo, mientras sonreía y compartía con todos, había algo dentro de mí que no encontraba paz. Era esa voz silenciosa que muchas veces intentamos ignorar, pero que nunca deja de hablarnos cuando pertenecemos a Dios. No era culpa por estar con mis compañeros de trabajo. Era algo más profundo. Era la sensación de que, poco a poco, el ritmo de la vida, las nuevas responsabilidades, las ocupaciones y los afanes estaban comenzando a ocupar un lugar que solo le pertenece al Señor. Sin darme cuenta, estaba empezando a ceder terreno. No de un día para otro, sino de esos peque...