La respuesta ya está en camino
Cuando no entiendo, aprendo a confiar
Hay temporadas en las que el corazón se llena de preguntas y la mente busca respuestas que parecen no llegar. Hace poco viví una de esas experiencias. Algo sucedió que me causó una profunda tristeza y una gran decepción. Humanamente, no lograba comprender por qué las cosas tenían que ser así. En mi lógica, yo tenía la razón y esperaba que todo ocurriera como lo había imaginado.
Sin darme cuenta, estaba tan concentrada en mis pensamientos y en mis propias expectativas, que olvidé que los planes de Dios son más altos que los nuestros. Quería entender el porqué, cuando Dios me estaba invitando a confiar en el para qué.
Y entonces, en medio de mi dolor, el Señor volvió a hablar.
No lo hizo una sola vez, sino tres veces diferentes, como un Padre amoroso que conoce las dudas de sus hijos y se acerca para afirmar aquello que la tristeza intenta debilitar. Me recordó que me ama. Me recordó que soy su hija. Me recordó que fui creada de manera única y especial, y que mi valor no depende de las circunstancias ni de la aprobación de nadie, sino de lo que Él ha dicho acerca de mí.
Comprendí que aunque hoy no pueda ver con claridad todo lo que Dios está haciendo, su respuesta ya está en camino. Tal vez el proceso no tenga sentido para mi mente, pero sí tiene propósito en sus manos.
La fe no consiste en entenderlo todo, sino en descansar en Aquel que lo sabe todo.
Volví de ese encuentro con mi corazón fortalecido y lleno de esperanza. Entendí que no puedo permitir que la tristeza me robe la visión, ni que la decepción me haga abandonar el camino. Hay una meta más grande delante de mí. Mi anhelo no es detenerme en las circunstancias temporales, sino perseverar hasta llegar al blanco perfecto: Cristo.
Y por eso hoy puedo decir con convicción:
No voy a desmayar.
No voy a detenerme.
No permitiré que las pruebas definan mi destino.
Seguiré avanzando con fe, porque sé quién me llamó, y sé que Aquel que comenzó la buena obra en mí será fiel en perfeccionarla.
Mi esperanza no está en lo que veo, sino en Aquel que prometió estar conmigo todos los días.
Y mientras Él siga caminando a mi lado, nada podrá detenerme.
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2).
Porque al final, la meta no es simplemente llegar, sino llegar de su mano y convertirme en la novia preparada para mi amado Cristo.
Comentarios
Publicar un comentario