Ángeles en el camino ⭐️✨
Hay semanas que nos dejan exhaustos. Semanas en las que pareciera que las horas no alcanzan, las responsabilidades aumentan y los desafíos llegan uno tras otro. Esta fue una de esas semanas para mí.
No solo lo digo por el clima y la tormenta Cristina —que curiosamente lleva mi nombre—, sino porque sentí que la carga de trabajo fue mucho mayor de lo habitual. En mi trabajo suelen acercarse personas que necesitan ayuda, orientación o apoyo para resolver diferentes situaciones. Muchas veces deseo poder hacer más, pero hay circunstancias que simplemente escapan de mis manos.
Es precisamente en esos momentos cuando recuerdo una gran verdad: yo no tengo el control de todo, pero Dios sí.
Cuánta paz trae a nuestro corazón saber que existe un Dios Todopoderoso que puede cambiar cualquier situación en un abrir y cerrar de ojos. Un Dios que nos ha dejado promesas para sostenernos cuando las fuerzas parecen agotarse. Promesas que no fueron escritas para admirarlas desde lejos, sino para apropiarnos de ellas por medio de la fe.
Aun en medio de las dificultades, siempre procuro brindar ayuda a quien la necesita. A veces no podemos resolver todos los problemas de una persona, pero sí podemos regalar una sonrisa, una palabra de ánimo, un “tú puedes”, un “sigue adelante” o un sincero “vas muy bien”. Y he descubierto que no hay mayor satisfacción que ser instrumento de bendición para alguien más.
Esta semana viví una pequeña experiencia que me recordó una vez más el cuidado de Dios.
Debido a la tormenta, trasladarme al trabajo se había vuelto complicado. Las aplicaciones de transporte mostraban tarifas mucho más altas de lo normal. Un viaje que regularmente cuesta entre cinco y siete dólares había aumentado considerablemente por la lluvia, el tráfico y la escasez de transporte público.
Mientras observaba las opciones disponibles, apareció de repente un viaje a un precio justo. Parecía algo simple, pero para mí fue una respuesta de Dios. Al conversar con el conductor, me comentó que se dirigía a su trabajo y que acostumbraba realizar uno o dos viajes antes de iniciar su jornada.
Quizá para muchos fue una coincidencia.
Para mí fue una muestra más de la fidelidad de Dios.
Fue uno de esos pequeños detalles que nos recuerdan que nuestro Padre celestial está atento incluso a las necesidades que parecen insignificantes. Él sabe exactamente lo que necesitamos y tiene formas inesperadas de proveer ayuda en el momento oportuno.
A lo largo de mi vida he visto cómo Dios pone personas en mi camino para extenderme una mano cuando más lo necesito. Verdaderos ángeles enviados para recordarme que no estoy sola.
Y así como Él ha puesto personas para bendecirme, también me ha dado el privilegio de bendecir a otros.
Por eso hoy quiero recordarte algo: Dios sigue enviando ayuda. Sigue abriendo caminos donde parece no haberlos. Sigue utilizando personas comunes para realizar actos extraordinarios de amor.
No pierdas la fe si estás atravesando una semana difícil. Quizá la respuesta que esperas ya viene en camino. Tal vez Dios está preparando a alguien para ayudarte. O quizá eres tú la persona que Él quiere usar para llevar esperanza a otro corazón.
Porque una de las formas más hermosas en las que Dios se manifiesta es a través de personas dispuestas a ser instrumentos de Su amor.
Y qué bendición tan grande es descubrir que, mientras Dios cuida de nosotros, también nos permite participar en el milagro de cuidar a los demás.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:19
Comentarios
Publicar un comentario