“La Paz que Acompaña al Verdadero Salmista”
Quiero contarte esto que leí por allí acerca del capibara. Dicen que no le tiene miedo a nada… pero no porque sea valiente.
Es porque no pelea con nadie, no corre, no grita, no se altera. Solo camina… como si nada pudiera tocarlo.
Se pasea entre cocodrilos como si fueran viejos amigos.
Camina al lado de depredadores como quien va a comprar tortillas.
Y nadie lo ataca, nadie lo molesta, nadie lo toca.
Y no porque sea el más fuerte… sino porque no representa amenaza alguna.
No impone respeto con gruñidos, ni con garras, ni con fuerza.
Imparte respeto con su calma.
Tiene esa energía que desarma.
Esa paz que se contagia.
Esa presencia que logra que hasta el más agresivo… se tranquilice.
Porque estar cerca de un capibara… te baja el ruido en la cabeza.
Y es que no se trata de ser invencible,
sino de ser tan pacífico, tan lleno de serenidad, que nadie quiera hacerte daño.
El capibara no odia.
No se enoja.
No se mete con nadie.
Solo vive… en paz, sin prisa, sin miedo.
Como hijos de Dios… ¿qué transmitimos al ministrar?
Al leer esto, no puedo evitar pensar: ¿No es eso lo que deberíamos reflejar como cristianos?
Vivimos en un mundo ruidoso, agitado, lleno de ansiedad y enfrentamientos. Pero los que conocemos al Dios de paz y amor, estamos llamados a vivir y ministrar con ese espíritu de calma que desarma.
Cuando ministramos en alabanza, no solo estamos tocando canciones…
Estamos comunicando una presencia. Y esa presencia no debería ser la nuestra —sino la del Espíritu Santo.
Deberíamos ser como el capibara: no buscando impresionar, competir o destacar… sino reflejando la paz del Cordero.
Que cuando alguien entre a un tiempo de adoración, sienta que se le apaga el ruido interno. Que sepa que ha entrado en un ambiente donde no hay juicio, no hay agresión, no hay prisa… solo un río de paz.
Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).
No se trata de ser los más fuertes o los más ruidosos…
Se trata de ser canales de Su paz, instrumentos que ministren descanso al alma.
Entonces… ¿qué transmites cuando ministras?
¿Transmitimos excelencia… o transmitimos a Cristo?
¿Transmitimos ritmo… o transmitimos reposo?
¿Transmitimos sonido… o transmitimos presencia?
Que podamos ser como ese capibara: una calma viva que no amenaza, pero transforma.
Y que al ministrar, se note que hemos estado en Su presencia… y que queremos llevar a otros ahí también.
Te comparto algunos versículos bíblicos relacionados, espero que Dios hable a tu corazón como lo hizo conmigo, me di cuenta que en mi interior había mucho ruido y que necesitaba sumergirme en ese río de paz.
- “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” – Filipenses 4:7
- “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…” – Gálatas 5:22
- “Apacienta a mi pueblo con integridad de corazón, y los dirigió con la destreza de sus manos.” – Salmo 78:72
Comentarios
Publicar un comentario