Cuando el Desierto se Convierte en Camino
En mi vida he pasado por muchas situaciones, algunas buenas y otras difíciles. Sin embargo, estoy convencida de que en cada una de ellas, Dios estuvo presente. Él usó cada momento para acercarme un poco más a su propósito.
La prueba no viene para destruirnos, sino para perfeccionarnos. Dios la permite porque desea obrar en nosotros, moldearnos, formarnos según su voluntad. El tiempo que dure esa prueba, muchas veces, dependerá de nosotros: de cuánto tardemos en reconocer su propósito y aceptar que todo obra para nuestro bien. Es cuestión de comprender lo que Dios quiere decirnos a través de ella.
La Biblia nos muestra que el desierto es un símbolo de prueba. ¿Sabías que el pueblo de Israel, al salir de Egipto, tardó décadas en llegar a la tierra prometida? ¿Y que muchos de ellos ni siquiera la vieron, por la dureza de su corazón? Solo sus descendientes pudieron entrar. Ese desierto pudo haber sido más corto, pero su resistencia al proceso lo alargó.
Así también ocurre con nosotros. Las pruebas son temporales, pero pueden extenderse más de lo necesario si nos cerramos a lo que Dios quiere enseñarnos.
Ríndete a Jesucristo. Déjate enseñar por Él. Si estás atravesando un desierto, no te desesperes. Alégrate y gózate en medio de la prueba, porque eso significa que Dios está preparando algo grande contigo. Él no desperdicia ningún dolor. Cada lágrima, cada lucha, tiene sentido en sus manos.
Comentarios
Publicar un comentario